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Terra
La Coctelera

Reglas básicas para entendernos

A todas las mujeres del mundo (sí, también para vos, sobre todo para vos)

  1. .- Si piensas que estás gorda, muy probablemente sea cierto. No preguntes. Me negaré a responder.
  2. .- Si quieres algo, sólo pídelo. Dejemos esto en claro: SOMOS SIMPLES. Las indirectas sutiles no funcionan. Las indirectas directas no funcionan. Las indirectas muy obvias tampoco funcionan. Di las cosas tal como son. Y no te enojes si respondo son sinceridad; no tengo ganas…
  3. .- Si haces una pregunta para la que no quieres respuesta, no te extrañe una contestación que no quieres oír.
  4. .- Somos SIMPLES. Si te pido que me pases el pan por favor, solo quiero decir eso. No te estoy reprochando que no esté puesto. No hay segundas intenciones ni retorcimientos, de verdad SOMOS SIMPLES.
  5. .- Somos SIMPLES. No hace falta que preguntes en que pienso, el 95,5% de las veces será en Sexo. Y no, no soy un sexópata realmente es lo que más me gusta (aparte de la historia, la compu y la ciencia ficción que ocupan el 0,5 % restante), desgraciadamente SOMOS SIMPLES.
  6. .- A veces no estoy pensando en ti. No pasa nada. Por favor acostúmbrate a eso. No me preguntes en qué estoy pensando, a menos que estés lista para hablar de temas como la política, la economía, o la historia (en mi caso).
  7. .- Ir de compras no es divertido, y no, nunca voy a considerarlo de esa manera.
  8. .- Respuestas sencillas como un SÍ o un NO, son perfectamente aceptables para cualquier pregunta.
  9. .- Acude a mí con un problema sólo si quieres ayuda para resolverlo. Para eso sirvo. No me pidas empatía, como si fuera yo una de tus amigas.
  10. .- Si algo que dije se puede interpretar de dos formas distintas, y una de ellas hace que te entristezcas o te enojes, mi intención era decir la otra.
  11. .- TODOS los hombres vemos nada más que 16, a lo sumo 32, colores… ¿y qué carajo es “fucsia”?
  12. .- ¿Para que cuernos hay que darle una pátina si está bien pintado?, ¿Para que haberlo pintado en primer lugar, si estaba limpio? A propósito, ¿qué es una pátina?
  13. .- Si te pregunto si pasa algo malo y tu respuesta es "nada", te creeré y reaccionaré como si nada malo pasara.
  14. .- No preguntes ¿Me quieres? Ten la seguridad de que si no te quisiera no estaría contigo.
  • .- Regla genérica, ante cualquier duda sobre nosotros, piensa lo más sencillo. SOMOS SIMPLES.

Algunos datos acerca del joven César...

César nació en el año 100 (algunas fuentes nos autorizan a suponer el 102) en el seno de una familia patricia, a saber: la Gens Julia que revindicaba una ascendencia extraordinaria.

En efecto, decían ser la prole de Iulo (antes llamado Ilio) hijo de Eneas vástago, a su vez, de Afrodita; Venus para los romanos.

El cognomen Cæsar era usado por una de las ramas de esa gens y existen cuatro versiones para explicarlo.

Plinio, el Viejo, decía que se refería al nacimiento por “cesárea” del fundador de la rama, aludiendo al verbo cædo que significa cortar, Cæsar sería derivación de cæsus sum he sido cortado. Véase al respecto Historia Natural 7, 7, sin embargo algunos sostienen, más bien, que el término médico cesárea deriva de las circunstancias del nacimiento del propio César; noticia tardía (la trae la Suda en Kappa 1199, siglo X d.C.) que no parece cierta.

La Historia Augusta (Elio 2 - 3) señala que el primer César mató un elefante, llamado Cæsai en la lengua de los mauros (moros) que podría ser una forma de bereber. Consultando diccionarios de esta familia lingüística no he encontrado referencias al respecto. Es una versión que no me parece la más creíble.

También nos habla, la misma fuente, del poco cabello en su cabeza (cæsaries) o de los ojos de color gris brillante (oculis cæsii ) como origen del cognomen.

Que cada cual escoja la que mejor le cuadre, como decía Plutarco...

Si bien pertenecían a un linaje patricio impecable, los Julio Césares no tuvieron nunca una gran participación política, de lo que es testimonio el hecho de que sólo produjesen tres cónsules.

El padre de César, llamado Cayo, como él llegó al rango de Pretor, la segunda de las magistraturas electivas de la República, y fue gobernador de la Provincia de Asia (la región de Éfeso); siempre se rumoreó que logró este puesto gracias a su cuñado Cayo Mario. Al respecto véanse; Suetonio, Julio 1, Plutarco César 1 y Mario 6 y Plinio el Viejo, Historia Natural 7,54.

La madre de César se llamó Aurelia Cotta y provenía de una familia muy influyente; los Aurelios los cuales por su parte sí habían dado varios cónsules a la República.

Cuenta Suetonio (Julio 46) que el joven César vivió en una sencilla casa del barrio de Subura, considerado un lugar propio de las clases bajas, en ese lugar fue educado (dice también Suetonio en su Vida de Eminentes Escritores, 7) por Marco Antonio Gnifo, un liberto educado en Alejandría pero nacido en la Galia, me gusta pensar que de su boca el pequeño César escucharía esta sentencia: Gallia est omnis divisa in partes tres…

Es tan poco lo que sabemos de la niñez del futuro gobernante del Imperio pues las dos biografías, Suetonio y Plutarco, comienzan a narrar desde la adolescencia de su héroe, lo que ha llevado a pensar que los primeros párrafos de ambas se hayan perdido.

El mito de la caída

El mito de la caída está presente en la mayoría de las culturas antiguas; esto hace pensar que se trata de un "recuerdo" que se remontaría a una supuesta tradición primitiva o revelación original; al menos es así como lo interpretan los creacionistas. Mucho menos oneroso para nuestra inteligencia es, en cambio, suponer en una suerte de "convergencia" donde ante la pregunta: ¿por qué no somos perfectos si nos sentimos capaces de serlo? , se ensaya la respuesta: fuimos perfectos en una época, pero perdimos esa condición por la envidia de poderes superiores a nosotros... Bella respuesta, y engañosa también, que permite depositar toda nuestra frustración en el exterior, eludiendo las responsabilidades morales::::

- La mujer que me diste por compañera...

- La serpiente me engañó...

etcétera, etcétera (sin olvidar el mito de Pandora)

El Mito de la Caída, especialmente en la versión que trae el Génesis, admite muchas y diversas lecturas. Compuesto en las postrimerías del Reino de Judá alude irónicamente a la situación de los antiguos monarcas davídicos y su decadencia debida, dice el autor, a haberse dejado engañar por las mujeres y especialmente por la Serpiente, que es su imagen mítica.

En los siglos subsiguientes el mito evolucionará en diferentes direcciones.

  • Empezando por החטא הקדמון la Falta Primordial para el Talmud, que conlleva elñ castigo de la expulsión del Edén pero en modo alguno una "tara" para la naturaleza humana.
  • peccatum originale para los teólogos católicos, especialmente desdeAgustín, que entraña la pérdida de los dones preternaturalesy la disminución de los naturales, así como la culpa compartida por todos los Hijos de Adán
  • o el αμαρτιαις υμων de los griegos que no comparten esta visión tan restrictiva para la libertad humana.
  • y hasta el de los musulmanes, limitado sólo a Adán
  • para terminar en la postura que comparten

(Notar que ningún teólogo implicó que este pecado tuviese alguna connotación sexual, por el contrario Santo tomás de Aquino sostuvo la tesis de que sin la Caída el placer sexual hubiese sido mayor y que en ese "estado" la continencia no hubiese resultado algo loable...)

Estamos, pues, ante un mito polisémico, suceptible de diferentes lecturas que no se contrdicen sino que se superponen entre sí...

La serpiente, entonces, no es sino lo que fue en la Antigüedad; dispensadora de dones y reveladora de secretos, enviada preferencial de la Diosa y su Ley del Deseo y, como tal, adversaria del Dios y su Ley del Deber inflexible. La serpiente es portadora de conocimiento; saber que implica dolor, conciencia de finitud, sentimiento de anonadamiento pero también superación del ciego devenir y aceptación gozosa de la libertad. Éramos inconscientes antes de la Caída, fue ese acto de voluntad suprema el que nos dotó de humanidad; expulsados del Paraíso pudimos ser capaces de hacer (y de escribir) la Historia, librados a nuestra suerte abandonamos la vida natural propia de los animales, el eterno presente, el gozo indiferenciado, ese estado que no es ni doloroso, ni placentero porque no existen los opuestos... y entramos en el mundo de la ambivalencia, de la diléctica, de la pena, pero también del placer.

Los teólogos antiguos, esos que tanto desprecia Assur, lo intuían; de allí su epigrama: "Feliz culpa"...

Pues, como dice Cioran, refiriéndose a la Caída

Precipitados en el tiempo a causa del saber, fuimos inmediatamente dotados de un destino, pues sólo fuera del paraiso hay destino.

Apuntes de un no creyente sobre la

No creo en Dios, es decir, soy ateo.

No es algo de lo que me jacte, simplemente siendo monoteísta he dado el siguiente paso lógico, no creía en ningún dios excepto uno, privilegio injusto de una Tradición que me he preocupado de subsanar.

Me molestan, sin embargo, aquellos que despotrican contra la Iglesia con los manidos argumentos de siempre; el oscurantismo, la Inquisición, las diversas formas de represión o la alianza con el poder.

¡Cuidado!, no digo que sean argumentos inválidos, sólo señalo que no le hacen ningún favor a la causa, si la hubiera, del ateísmo y tampoco habla muy bien de su formación cultural. La Iglesia, especialmente la católica romana, es mucho más que eso.

Sucede que sus atacantes, y sus defensores, se limitan al panfleto.

Es, no obstante, importante que avancemos un poco más si queremos entender la vigencia, y hasta cierto indeterminado punto la importancia, de esta tradición religiosa en nuestra sociedad.

La dialéctica de la Iglesia, desde ella misma

Entre estas dos proposiciones, a saber:

  • La Iglesia es Santa
  • La Iglesia es Inicua

un verdadero teólogo,

cosa que no son la mayoría de los obispos y otros representantes eclesiásticos,

debería suscribir ambas.

En buena teología católica la Iglesia es una Santa Pecadora;

aunque los Santos Padres preferían decir Prostituta.


Santa en cuanto a sus fines, algunos de sus miembros y su fundador.

Pecadora por su inmersión en el mundo y su condición de "peregrina" (término, de paso, que se refleja en el sustantivo parroquia que, justamente, significa comunidad de peregrinos).

Es decir que al enumerar todos los males que le debemos a la Iglesia incluso sus representantes más lúcidos no sólo no deberían negarlos, sino que hasta los reforzarían como medio de mostrar la Gracia de Dios; por eso, en el Medioevo, se decía que: “el agua de la vida puede brotar hasta de las fauces de un perro muerto”

La presencia del mal en el seno de la Iglesia señala, para sus miembros, que, mientras espera el Juicio divino, la comunidad de los fieles está sujeta, también, a las tentaciones del "dios de este mundo".

Todo esto hablando desde la Teología católica más estricta, sea tomista o escotista.

Por ello, desde un punto de vista dialéctico, sería un error ser menos abiertos que la misma Iglesia.

Dos Iglesias conviviendo

La Iglesia que anunció el fin del reino del César en el Apocalipsis,

que proclamó la insatisfacción más radical respecto del Estado y de la sociedad,

la iglesia que vio en la Historia mucho más que un ciclo de repeticiones y enseñó a buscar una sociedad ideal al final del camino humano (que la llamara Reino de Dios no viene, ahora, al caso, era mitología, pero de la buena),

la iglesia que estimuló el pensamiento al punto de generar herejía tras herejía (llevando con ello adelante una renovación de la anquilosada filosofía tardoantigua),

la iglesia que generó el surgimiento de nacionalidades en toda la cuenca del Mediterráneo,

la iglesia que suscitó nuevas concepciones del arte, que renovó la poesía y la prosa, que mantuvo la cultura a punto de ser anegada por las hordas bárbaras,

que roturó los bosques salvajes de la Galia y Germania,

que adoptó los festivales paganos y que introdujo, en la herencia hebrea, la ausente figura femenina.

La iglesia que avanzó en misiones a países entonces desconocidos,

que hizo soñar a la Europa hambrientas con un Reino Milenario,

que sancionó moralmente el infanticidio y que intentó dictar leyes internacionales (treguas de Dios) entre los turbulentos barones feudales.

La iglesia que prohijó a los primeros humanistas,

que dio origen al género literario de la utopía,

que generó el movimiento revolucionario más influyente hasta la llegada del marxismo (me refiero al joquinismo reinterpretado por los franciscanos),

que denunció la explotación indígena en América,

que sentó las bases de la modernidad con los pensadores de la Escuela de Salamanca y con los teóricos de la escolástica.

La Iglesia que en América Latina fue semillero de revolucionarios, tanto en las guerras de Independencia como en las guerrillas de los años 60.

La Iglesia que denunció abusos y torturas, la que buscó crear puentes en la Guerra Fría, la que se renovó en el Concilio Vaticano,

la que actúa día a día en las villas miseria.

Esa Iglesia representó un avance en la civilización, preparó o defendió la democracia moderna, fue y en parte es un faro para iluminar conciencias.

Es la Iglesia que proclamaba, como lo hizo Juan XXIII:

In necesariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus charitas


La Iglesia que admiró el reino de los Césares desde la Carta de Clemente hasta la Historia de Eusebio,

la iglesia que se entregó con armas y bagajes a la discrecionalidad del estado imperial,

la iglesia que expulsó a la insastisfación radical fuera de la Ciudad y creó hordas de monjes fanáticos e ignorantes,

la iglesia que se conformó con este mundo y retorció los textos evangélicos para calmar al rico y glorificar al sufrimiento,

que anunció, en lugar de la comensalidad abierta del Nazareno un "patriarcalismo de amor" que mantenía el status quo ante y que sancionaba desde la nueva religión el clientelismo romano.

La Iglesia que persiguió el pensamiento alternativo,

que negó un lugar a las mujeres y puso en los altares la imagen inalcanzable de la Madre Virgen asexuada,

la Iglesia que condenó el placer sexual dándole veneno a Eros (él, por supuesto no murió, pero degeneró en vicio).

La iglesia que quemó herejes,

la que sostuvo a déspotas,

la que obliteró culturas enteras.

La Iglesia de los duques, marqueses, condes y otros asesinos similares; dispuestos a torturar, rapiñar, violar y matar para defender sus privilegios mal habidos.

La Iglesia de las Cruzadas,

de los pogromos,

de los saqueos a pueblos lejanos.

La Iglesia que bendijo la conquista,

la trata de esclavos,

el derecho divino y la “guerra justa”.

La Iglesia que sancionaba a los librepensadores,

que impedía el desarrollo de las artes,

que quemaba libros,

que alzaba Santas Alianzas, que canonizaba a tiranos.

La Iglesia que bendijo a Franco, a Hitler, a Mussolini y a tantos tiranos.

La Iglesia de los Kennedy, de los Columbus Knigth, del Opus Dei y de Fraternitas.

La Iglesia que en el Concilio Vaticano I proclamó el dogma enervante de la infalibilidad papal,

la que aún hoy niega el acceso al sacerdocio a hombres casados y a mujeres,

la que está contra el control de la natalidad e impide la despenalización del aborto con excomuniones que no aplicó con los Videla, los Pinochet o los Trujillo.

La Iglesia que apoya a la derecha más recalcitrante en Polonia y se alía con EEUU como antes lo hizo con el Imperio.

Esta Iglesia fue una rémora y una afrenta a la dignidad humana.

Con su vileza contaminó de odio la civilización occidental, con su represión propició la creación de seres humanos mutilados, incpaces de amar y sujetos a la bota del opresor.

Esta es la Iglesia que proclamó:

Extra Ecclesiam nulla salus.

Ambas coexisten todo el tiempo, ambas son parte de la Historia, ambas interactúan, se influencian, se mezclan y se combaten…


ni una, ni la otra, juntas y en oposición permanente.

No seré yo quien defienda a una institución en la cual no creo (y a cuyo dios tampoco acepto) pero, a diferencia de numerosos ateos, no odio, no abomino de la Iglesia; la respeto como se respeta a una anciana a quien se le toleran ciertos caprichos y de quien se tiene a bien olvidar sus “pecados” de juventud.


Claro, cuando la viejecita se pone a dar órdenes o se altera, prefiero ignorarla a la vez que intento evitar que, en su senilidad, se dañe a sí misma o a otros…

Encomio de la Filosofía de la Praxis



El marxismo, prefiero el término filosofía de la praxis, es el intento más serio y completo para crear un socialismo capaz de vincular las aspiraciones de los y las trabajadoras con la crítica social y con un proyecto político definido aunque no prefijado.

Marx y Engels, sus más importantes teóricos, pero no los únicos, fueron capaces de una gigantesca síntesis que recogía lo más avanzado de los saberes de la época, a saber:

  1. la filosofía clásica alemana, especialmente Hegel,
  2. la sociología, o mejor la sociología histórica, francesa de Thierry y Guizot
  3. la economía política británica con sus dos grandes pilares; Adam Smith y David Ricardo (según la clásica formulación de Lenin).

Contra lo que suele suponerse el marxismo no condena la obra de la burguesía, por el contrario, se vale de ella para intentar el paso siguiente; la toma del Cielo por asalto, en bella frase, por parte de los obreros y obreras del mundo. Democracia, productividad, ciencia aplicada, ateísmo, disolución de las relaciones sociales feudales y estado de derecho son, para la filosofía de la praxis, logros que deben colocarse en el haber del capitalismo y que deberán ser perfeccionados por la democracia socialista del futuro.

Con el arma incontrastable de la dialéctica, a mi juicio única manera de entender la realidad, y aplicándola con sagacidad al examen de la sociedad moderna; Marx logra formular una concepción del mundo y de la historia que, en sus grandes rasgos, no ha sido superada.

Equipado con este "Gran Relato", el socialismo se convierte en la opción política y cultural más avanzada de los siglos XIX y XX . A mi juicio, también de la actualidad.

La historia posterior del socialismo, ganado en su casi totalidad por el marxismo, es larga y no la voy a hacer aquí.

Sería fácil hacer énfasis en sus errores y crímenes, como también lo sería criticar a las personas de sus forjadores.

Sería también; inútil, esfuerzos parecidos se han hecho con todas las instituciones humanas y poco es lo que avanza nuestra comprensión de la Historia con tales formas de crítica barata. Como ejemplo tómese el libro de Karl Deschner acerca del cristianismo intitulado "historia criminal" magnífica recopilación de hechos que no explican nada.

Tampoco tiene sentido, como se hizo en otro tiempo, una apología simplista del socialismo marxista basada en la antidialéctica postura de malos y buenos, catalogados según las preferencias del autor.

Ninguno de los dos es mi camino.

El marxismo, entiendo, debe ser ponderado en relación a cuatro formas en que puede presentarse y que son, a menudo, confundidas.

En efecto, el marxismo es:

  1. un sistema de pensamiento
  2. una crítica social
  3. una síntesis histórica
  4. un proyecto de sociedad.

En lo que respecta al primero; la filosofía de la praxis tiene el mérito innegable de ser un abordaje de la realidad que emplea la dialéctica para hacerlo y que, a diferencia de Hegel, se mantiene tozudamente en el terreno del materialismo.

Para un ateo es una de las opciones más coherentes en filosofía pues trabaja con la realidad concreta y explica, a mi juicio de manera altamente eficiente, los cambios a que esa misma realidad está sujeta.

Su gran falencia aquí, su punto ciego, es la concepción limitada de racionalidad que privilegia sólo algunas formas del Logos (razón intelectual y acción orientada a fines) dejando de lado otras (razón utópica y acción orientada a medios, por ejemplo), lo que podríamos llamar su intelectualismo que, en este aspecto, lo ha llevado a un peligroso acercamiento al positivismo.

Acerca del segundo, el marxismo es la más demoledora arma de crítica jamás concebida.

Devela con una lucidez implacable las miserias de la sociedad burguesa, pero no lo hace desde la nostalgia por el feudalismo, sino desde la perspectiva de una sociedad más avanzada.

No pretende juzgar la moralidad o inmoralidad de los actos, sino su relación con el desarrollo de la Humanidad y con la satisfacción de las necesidades de los explotados; lejos de condolerse por los "miserables" los exhorta a desentrañar las causas sociales de esa miseria.

Esta crítica posee elementos que pueden aplicarse a cualquier sistema social, incluso y sobre todo los que se llaman a sí mismos socialistas, y no en vano los gobiernos dictatoriales de muchos de estos estados obreros (la URSS en primer lugar) han comenzado persiguiendo a los intelectuales marxistas cuando estos intentaban aplicar la crítica a sus propios camaradas.

El lado oscuro de esta crítica se asienta en que no es realizada por un sistema de inteligencia artificial (supuestamente desapasionado) sino por personas formadas de carne, de sangre, de ira y de afectos... el frío cinismo, la desilusión y la soberbia, que niegan incluso el valor humano del error, han sido las más nefastas consecuencias del marxismo en tanto crítica social.

Como síntesis de la Historia el marxismo no tiene rival.

Todas las demás explicaciones del devenir humano se quedan cortas ante su premisa: no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia... , a lo sumo son notas a pie de página que matizan o puntualizan puntos específicos, pero la causalidad fundamental; la estructura social sigue siendo la piedra maestra sobre la que se edifica todo el edificio de la Historia, al menos si pretendemos que ella sea una ciencia y no, como querría Raymond Aaron, un anecdotario.

Se ha cuestionado su economicismo, que no es tal si lee a Marx con detenimiento, o su unilinealidad, otro supuesto error que cae al acercarse sin prejuicios a los textos, sin embargo el mayor peligro de esta interpretación radica en que es tan completa que cae en la manía de creerse totalizadora.

Otro de sus defectos radica en que la genialidad del propio Marx (a semejanza de lo que sucedió en el arte después de Michelángelo), sumada a la coerción de los sedicentes gobiernos socialistas, ha hecho que casi cada obra de historia inspirada en la filosofía de la praxis cuente con una inmoderada cantidad de citas de los "textos sagrados", convirtiendo a la investigación histórica casi en una exégesis.

En cuanto al marxismo entendido como proyecto político hay que destacar que nunca presentó una "receta" revolucionaria y mucho menos un "relato" de la sociedad futura; se limitó a esbozar el rumbo probable de la historia en consonancia con las perspectivas de la lucha de clases en su época (de paso, la lucha de clases no fue un descubrimiento de Marx, ni un propósito suyo, sino un dato de la realidad).

De esta "hoja de ruta" arranca la dialéctica entre condiciones objetivas; "la historia está de nuestro lado" y subjetivas; "proletarios de todos los países, únanse" en el desarrollo de la revolución.

Buena parte de lo que se ha dado en llamar socialismo real es, como bien señaló Pablo Castellano, ajeno al marxismo y aún lo que considero su mayor falencia en cuanto proyecto social; la dictadura del proletariado no se corresponde necesariamente con la dictadura del partido único, de hecho hoy vivimos en regímenes pluripartidistas (o bipartidistas en el caso de los EEUU) que no son sino formas larvadas de dictadura de la gran burguesía.

El socialismo marxista, por cierto, no sólo no es incompatible con el Estado de Derecho, sino que aspira a perfeccionarlo, superándolo en un sentido inclusivo.

Las realidades políticas de los dos últimos siglos, la lucha encarnizada que debió afrontar, el desafío de nuevas condiciones económicas como el imperialismo y el keynesianismo (éste último reflejo de los avances del naciente socialismo soviético), la complejidad de las sociedades modernas, el surgimiento de nuevas agendas culturales (feminismo, minorías sexuales, ecologismo), la lucha a muerte con el fascismo (y su engendro bastardo; el nazismo), la guerra fría y la guerra cultural, junto con la miseria moral de muchos de sus conductores (pero las revoluciones no se hacen con ángeles, sino con hombres viejos que pretenden construir nuevas sociedades, como decía Jesús Ibañez) derribaron muchos de los sueños convocados por el marxismo del siglo XIX.

Sus crímenes fueron muchos y horrendos, desde todo punto de vista inexcusables aún cuando sólo representen una pequeña parte de los crímenes cometidos por las sociedades de clase que lo precedieron, resultan tanto más graves cuanto que el marxismo no se propuso, jamás, la destrucción del ser humano, sino su liberación integral.

A este respecto sólo cabe compararlo con la única otra institución social que tuvo un proyecto similar; la Iglesia Católica; entidades tan magníficas y tan terribles, como el mismo ser humano.

Para terminar, el marxismo lejos de ser una estafa fue uno de los más grandiosos experimentos de los seres humanos para construir el paraíso aquí, en la Tierra.

Fue causa de grandes heroísmos, responsable de la derrota final del nazismo, liberador de pueblos y de mentes.

Fue creador, por opción o por reflejo, de sistemas de seguridad social que están entre los mayores logros de la Humanidad.

Fue potenciador de talentos literarios, científicos, artísticos y sociales, cuna de activistas y foco de rebelión.

De un modo u otro todos tenemos que contar con Marx y su obra para dar cuenta de la realidad, sea aceptándola, sea cuestionándola.

Fue, también, gestor de numerosos atentados contra sus mismos principios, émulo en sus peores aspectos de la racionalidad burguesa (la ex URSS le debe su grandeza y su miseria) no pudo escapar a su propias contradicciones y terminó ligado a los destinos de una sola nación, aquella, justamente, donde Marx suponía que se implantaría en último lugar...

¿Y qué?

El fracaso, permanente o temporal, no lo sé, no implica mentira, error o inutilidad.

La caída puede ser el comienzo de una nueva arremetida, al modo de Anteo, contra la insolencia de los dueños de la tierra.

La semilla de la rebelión, tan vieja como Moisés, Jesús de Nazaret, Espartaco, o Thomas Muntzer no cesará jamás de tomar nuevas formas y el marxismo, aún si, cosa que no creo, desapareciera, no sería un fantasma incorpóreo, sino una presencia activa en la conciencia de los futuros luchadores sociales.

Al fin y al cabo aún no está dicha la última palabra de la Historia...

The land of the free


Lo diré de una sola vez y sin tomar aire: siento simpatía por los Estados Unidos de América.

Es cierto, considero imperialista y miope a la vez a su política exterior.

Es verdad, su democracia cojea de ambas piernas y cada vez se parece menos a un gobierno de hombres y mujeres libres.

No lo niego, la economía que promueven es diametralmente opuesta a la que defiendo.

Por último, la perspicacia del "americano promedio" (y que existe, aunque no lo parezca), es deficiente, sus conocimientos generales más que mediocres y su percepción del mundo increíblemente solipsista.

Aún así me caen simpáticos estos brave boys que viven al norte del Río Grande.

Peligrosos, sin duda.

Amenazadores, pero conmovedoramente ingenuos las más de las veces.

Una nación violenta y pendenciera, que cree a pie juntillas que representa la culminación de la civilización mundial, idealista y, a su modo, solidaria. Aún cuando el resto del mundo (¿qué es eso?, diría un americano del norte) tengamos buenos motivos para asustarnos de su especial sentido del deber para con la Humanidad.

Es cierto, como apunta Castoriadis, que el liberalismo y la democracia no han marchado juntos más que por necesidad, pero este matrimonio de conveniencias no tuvo mejor ejemplo de armonía que en los primeros años de la existencia de esta república de origen inconformista.

Hace dos siglos, en el momento de su nacimiento, la Unión era la única república de este continente y una de las pocas en el mundo. Era, también, la nación políticamente más avanzada de su tiempo (aún faltaba poco más de una década para la Revolución Francesa) y un experimento, como diría ochenta años después Abraham Lincoln, basado enteramente en los principios de la Ilustración.

Esos principios, remozados, cuestionados, reformulados muchas veces, y también, es cierto, negados en pro de principios supuestamente trans racionales (que en la práctica terminan siendo irracionales) siguen siendo una buena guía para el mundo actual. Un recordatorio de que no es negando absolutamente el pasado que construiremos un mejor futuro.

  • El ser humano merece nuestra confianza.

    No porque sea bueno por naturaleza, sino porque en sí encierra todas las potencialidades para transformar el mundo. El estado americano se funda en esta confianza, en la creencia de que es el Humano quien protagoniza su propia Historia, no viene dada de lo Alto como don divino.

  • Esta confianza genera optimismo.

    Como dice el Coro de la Antígona de Sófocles, "nada hay más maravilloso que la Humanidad". Todo, pues, es posible a la industria humana. Principio peligroso, en cuanto relega a un lugar de pasividad al mundo natural, pero criterio fundamental para liberarse de la sujeción al tiempo cíclico de la Naturaleza, para hacer Historia, para crear Cultura.

Desde la doble perspectiva de la confianza y el optimismo aparece el elemento puramente político de los principios ilustrados de la Revolución Americana:


  • Toda comunidad humana tiene derecho a su autogobierno.

    Nadie debe estar sujeto a un otro externo, sino más bien a su propia voluntad autónoma expresada en leyes comúnmente consensuadas. Esto está expresado maravillosamente en la constitución del más yanqui de los estados yanquis, Connecticut, que dice: "todo poder político es inherente al pueblo, y todo gobierno libre debe estar basado en la autoridad del pueblo e instituido para su beneficio, por lo cual el pueblo tiene en todo momento el derecho innegable e inalienable de alterar su forma de gobierno del modo que le parezca más conveniente" ( All political power is inherent in the people, and all free governments are founded on their authority, and instituted for their benefit; and they have at all times an undeniable and indefeasible right to alter their form of government in such manner as they may think expedient. Constitution of Connecticut, 2000 First Article, 2nd section)

Estos ideales, que coexistieron con los del liberalismo, que se unieron de tal manera que para muchos no avisados resultan indistinguibles, son los propios de cualquier estado democrático (democracia es un modo de gobierno, liberalismo una teoría de las relaciones humanas, apunta Margolis) y resultan tan vigentes hoy como cuando los formularon los Padres Fundadores de 1780.

Estos ideales, pues, no colisionan con un ideario socialista; antes bien lo apuntalan en un sentido liberador. Es cierto que pueden ser leídos de una manera elitista y conservadora, o de un modo burgués y liberal, pero también son susceptibles de ser expresiones de aspiraciones populares (estaba por escribir proletarias) y democráticas. Más democráticas, de hecho, que sus interpretaciones conservadora y liberal.

Pues bien, los Estados Unidos llegaron a constituir la primera sociedad humana basada en esos tres principios (y algunos otros, claro está, en no siempre feliz convivencia), sociedad que alcanzó el éxito en los momentos posteriores a la Guerra Civil y que se vio envuelta en la lucha por su vigencia durante el siglo y medio largo que siguió.

Hoy, pese a los ataques de los fundamentalistas (que prefieren hablar de republic antes que democracy), a las embestidas de los teóricos del liberalismo (muy poco neos a decir verdad), a las presiones del complejo militar industrial (presente en cada aspecto de la sociedad americana) y al descrédito de los "profesionales de la política" estos principios siguen siendo lo mejor de la herencia norteamericana.

Son estos principios los que le dieron grandeza a la historia de los Estados Unidos, principios que están detrás de sus mentirosos discursos, principios que aún movilizan a sus ciudadanos...

Principios, en fin, que cuando (como todos los Imperios) U.S.A. caiga, constituirán, junto al rock and roll y al cine de entretenimiento, uno de los motivos por los cuales serán recordados.

Es por eso que siento simpatía por ellos, con la consciente paradoja de considerarlos enemigos, pues los veo desde una perspectiva histórica y se que algún día se dirá:

Roma nos dejó el Derecho,
los Estados Unidos, la primera forma moderna de gobierno libre.


Algún día, deseo más que espero, los Estados Unidos de América llevarán un paso más adelante, hacia el socialismo, el experimento que iniciaron hace más de doscientos treinta años...